9 oct. 2008

Unidades de periodismo de investigación: ¿Condenadas al fracaso?

Sandra Crucianelli *
(*)


Desde que comencé a viajar por América Latina, interesada en aprender más sobre periodismo de investigación, vengo oyendo que las unidades de periodismo investigativo son un fracaso.

Ya en Chile, en 1993, escuché a varios editores quejarse de lo que estas unidades representan para la sala de redacción: dos o tres reporteros que durante varias semanas se dedican solamente a redactar un reportaje, gastos operativos y de movilidad, y, muchas veces, jornadas intensas de búsqueda de información que a veces resultan inútiles porque a mitad de camino el equipo se da cuenta de que es imposible probar lo que se está investigando.
Para colmo, en el seno de las redacciones, los reporteros de la unidad muchas veces son vistos con recelo por el resto del grupo porque no están obligados a entregar material en forma diaria.

A esto se suman otros problemas: el difícil acceso a documentos oficiales en América Latina, la falta de estadísticas confiables, la inseguridad reinante en algunos países, las amenazas que sufren a diario los reporteros investigadores... En síntesis, un coctel fatal que ha significado el fin de las unidades investigativas en varios medios latinoamericanos.

Salvando barreras

Es poco lo que los periodistas podemos hacer para salvar los escollos relacionados con la problemática de cada país, y en especial los que tienen que ver con el acceso a la información. No queda otra opción más que insistir y mantenernos firmes en nuestra voluntad de continuar metiendo las narices en irregularidades y delitos.

Sin embargo, es mucho lo que podemos hacer a la hora de minimizar los problemas inherentes al funcionamiento de las unidades investigativas en el seno de la sala de redacción.

En cuanto a costos, no es necesario invertir grandes sumas para que las unidades funcionen. Si se define un campo de acción, por ejemplo el campo local, no hay necesidad de viajes ni gastos adicionales. Además, el teléfono, el fax, Internet y el correo electrónico ayudan a salvar las distancias.

Tampoco es indispensable asignar a un grupo de personas para llevar a cabo la investigación. Basta con un reportero investigador o un editor responsable, capaz de llevar a cabo la tarea. Obviamente, una sola persona es insuficiente para realizar el trabajo, que muchas veces es tedioso y toma tiempo (hay que revisar archivos, buscar e interpretar documentos, etc.). Por eso, siempre es bueno conseguir la ayuda de colaboradores gratuitos.

Cuando esbocé mi primer proyecto de unidad investigativa pensé mucho en cómo se debía integrar. En especial, me preocupaba lo que había oído acerca de los celos que las unidades generan en el resto de los integrantes de la sala de redacción. Ahora estoy convencida de que este tipo de problemas surgen como consecuencia de falta de liderazgo de muchos jefes de redacción.

En los últimos ocho años, gracias a la SIP y a CELAP, he asistido a muchos seminarios y no ha habido país en el que sus reporteros no hayan puesto el grito en el cielo por la falta de comprensión de sus jefes hacia la naturaleza del periodismo de investigación. Un buen jefe debe tener las condiciones necesarias para conseguir que cada reportero se sienta importante en lo suyo. Si ese jefe tiene don de mando y goza del respeto de sus colaboradores, el problema de los celos no debe existir. Pero lamentablemente existe, y eso nos da la pauta de que así como hay seminarios de entrenamiento para reporteros, también deberían dictarse seminarios similares dirigidos a los jefes de los reporteros.

La experiencia de Canal 7

Cuando ingresé al servicio informativo de Canal 7, como conductora, supe que no sería difícil manejar a un grupo de colaboradores para ejercer el periodismo investigativo. La receta era sencilla: tenía que hacerlo de la misma manera en que me hubiera gustado que me dirigieran a mí.
Mi propósito era formar una unidad investigativa , con miras a presentar su producto en un programa semanal, pero no tenía gente disponible para ello ni el dinero para contratar a nuevas personas.

La idea: Con el visto bueno de las autoridades del canal, conversé con las autoridades del Departamento de Ciencias de la Comunicación del Instituto Juan XXIIII, de donde todos los años se gradúan jóvenes profesionales ansiosos de ingresar a los medios de prensa. Básicamente apuntaba a unir a un grupo de jóvenes recién egresados o cursantes del último año de la carrera, dispuestos a formar una unidad investigativa. Los directores del departamento difundieron la intención entre alumnos y egresados. La idea corrió como pólvora. Se pensó en un sistema de pasantías, de un año de duración. Buscábamos un perfil definido de comunicadores: jóvenes decididos, con ansias de investigar, sin ataduras políticas ni económicas.

El grupo: Tomando en consideración los antecedentes de rendimiento académico, predisposición al trabajo y contracción al estudio, el departamento seleccionó a 11 jóvenes, la mayoría, cursantes del último año de la carrera. Después de entrevistarnos con cada uno de ellos, el grupo se redujo a diez estudiantes, pues uno de los jóvenes reconoció que no disponía del tiempo necesario para trabajar en la unidad.

La instrucción: A los integrantes de la incipiente unidad se les impartió un curso de instrucción básico sobre periodismo e investigación: definición, diferencias entre periodismo de investigación y periodismo en profundidad, metodología de la investigación, técnicas de la investigación social aplicadas a la investigación periodística y ética aplicada. El curso duró un mes.

La integración: Los diez jóvenes formaron cuatro equipos de trabajo. Dos integrados por tres personas cada uno, y los otros dos por dos personas cada uno.

Reporte: Como coordinadora del grupo, una vez al mes tenemos una reunión donde se asignan los temas. Algunos son de periodismo investigativo puro, otros son de periodismo en profundidad. Cada grupo tiene un mes de plazo para entregar su trabajo. Semanalmente, se reportan al canal para coordinar entrevistas, hacer llamadas telefónicas, pedir cámaras o para investigar en Internet.

Material: Los grupos entregan sus trabajos en carpetas: entrevistas periodísticas, materiales de archivos, documentos, etc. Utilizando esas carpetas se arman los guiones televisivos, que se utilizan en la posterior edición de "informes especiales".

Pasantía: La pasantía los habilita a participar de la unidad, durante un año. Al año siguiente sus miembros se renuevan y la historia vuelve a comenzar. Para facilitarles su trabajo periodístico, a los integrantes se les entrega un carné de identificación con el logotipo del canal. Se les provee de transporte y cámaras, y se les reembolsa cualquier gasto relacionado con esta actividad. Sin embargo, no reciben remuneración por su colaboración, que es considerada como un entrenamiento intensivo antes de su salida al mercado laboral. Al finalizar el año, el canal les extiende un certificado.

El resultado: La unidad comenzó a funcionar en marzo pasado. En estos seis meses, ha producido 25 informes especiales, con temas variados: funcionamiento irregular de agencias de seguridad, juego clandestino, condiciones de vida dentro de la cárcel local, evasión fiscal, aborto, denuncias de escuelas en riesgo edilicio, malversación de fondos públicos, etc. El grupo manifiesta estar adquiriendo experiencia valiosísima en el manejo de instituciones, acceso a fuentes y otros aspectos esenciales para el desarrollo no sólo del periodismo investigativo, sino del buen periodismo.

Para nosotros, por lo tanto, las unidades investigativas no son un fracaso.

* Sandra Crucianelli es conductora del servicio informativo de Canal 7, de Bahía Blanca, Argentina; dirige la unidad investigativa del programa De qué se habla, y es instructora de periodismo investigativo de CELAP. Este texto fue publicado en Pulso del Periodismo y se reproduce con autorización de su editor.
(*) Artìculo publicado en: www.saladeprensa.org
Febrero 1999

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