7 mar. 2008

Exijo justicia

Por: Jaime Ascencio
http://www.jaimeascencio.blogspot.com/

La lucha contra el Estado, cualquiera sea el motivo, siempre es a cuestas. La que he iniciado este viernes en la Cámara Segundo de lo Laboral, en exigencia a mi derecho de indemnización, tras ser despedido arbitrariamente de Radio Cuscatlán, _empresa adscrita al Ministerio de la Defensa, el año pasado_, es de esas de larga data.

La citada Cámara notificó a las partes para que intentáramos conciliar extrajudicialmente, pero como me lo había advertido previamente una abogada, difícilmente se presentaría la parte demandada. Sí llegó un representante del Fiscal General para decir a nombre del Estado y del Ministerio de la Defensa _entiéndase institución estatal_ que no estaban en la lógica de conciliar con este servidor.

Se levantó un acta, las firmas de las partes quedaron estampadas y con ello se dio por cerrado el caso carente de armonía y de buena fe.

¿Qué viene ahora? Un peregrinaje de largas horas, días y meses para demostrar que mis derechos han sido vulnerados. Esta es la segunda ocasión en la misma empresa, la primera se hizo efectiva en diciembre de 1999, con los mismos ingredientes: arbitrariedad.

Pelear en desigualdad de condiciones es un problema complejo pero no lo es cuando impera la ley, y es eso precisamente lo que espero. Lo dije en un artículo anterior, que la institucionalidad me ha defraudado porque las puertas del Ministerio de Trabajo me fueron cerradas cuando intenté desde esa tribuna, iniciar el proceso legal para hacer valer mis derechos.

Hago hincapié en “mis derechos como periodista” porque hoy sí sé que tengo derechos y creo conveniente y prioritario ejercerlos. Muchos de mis colegas amparados en sus capacidades, al ser atropellados en sus derechos han desistido reclamarlos y han optado por marcharse a otros medios. Los ha apretado más el estomago y la dignidad que debiesen mostrar deberá esperar quien sabe cuantos años…

Esto que digo no es fácil decirlo porque requiere de mucha convicción y decencia. Cualquiera dirá que no tengo la moral suficiente para expresar estas líneas y en estos términos siendo que he trabajado en una empresa estatal, en la que he tenido que aminorar el impacto de las noticias para que no sean más nocivas de lo que son, a la sociedad. Yo sí tengo esa robustez y esa honradez para decirlo porque mi proceder se ha apegado a los principios éticos de todo periodista.

Yo tengo tranquila mi conciencia porque el tiempo que ejercí en esa radio, nunca renuncié a ser otro para quedar bien con terceras personas. Hice lo que creí justo y lo hice como creí necesario. No me arrepiento absolutamente de nada.

En algún momento he dicho y voy a sostenerlo de nuevo en este momento, que la sombra ideológica me marcó desde el momento que llegué a la Radio Cuscatlán. No por mi voluntad sino por la de ellos. Allá por 1995, cuando ingresé por vez primera, sacamos al aire un espacio de opiniones que se llamó Comentando los Hechos. Tuvo poca vida porque en breve fue censurado so pena de ser despedido. La razón de fondo es que ellos creían que yo estaba lanzando mensajes en clave a la oposición política.

A mí me han dicho “guerrillero”, “comunista”, “terengo”, “revoltoso”, “asolapado”, “Shafick” por el simple hecho de ser diferente, por no meterme al redil de la obediencia ciega que allí impera. Mi trabajo periodístico no una sino varias veces fue motivo de discordia interna porque hacía reflexionar.

Yo no bajé la frente y dije: sí, de acuerdo… cuantas veces fui increpado. Recuerdo una vez en que a la radio no enviaban boletines de prensa y los colegas de entonces, reprocharon que por mi actitud, el gobierno de turno se había alejado. Gobernaba entonces el ahora presidente honorario de ARENA, Dr. Armando Calderón Sol.

¿Pero a qué viene esta retrospectiva?, se preguntarán. Sencillo. Decirles que siempre me han tenido en la mira del despido porque he hecho un trabajo honrado en una radio estatal. Yo no me dediqué a las ventas para engrosar mi salario, lo poco que recibí lo recibí con tranquilidad. Las veces que participé en concursos lo hice pensando en reflejar la realidad no con el deshonesto afán de ganar dinero fácilmente.

Por esta y otras razones me atrevo a exigir que se cumpla la ley. Y aunque este inicio es una inmensa cuesta, de abundante kilometraje a recorrer, dejo sentada mi voluntad de no desmayar ni retroceder un ápice hasta que crezca la verdad en medio de tanta mentira. Mi reputación no es sucia me la han ensuciado. Sucedió una, no serán dos ni tres.

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