29 mar. 2008

El socialismo del siglo XXI busca la justicia social: Heinz Dieterich

Heinz Dieterich
Fotos: Roberto Márquez


Por: Iván Escobar
(*)

Un sistema neoliberal que Washington ha impulsado en el continente Americano y que en la actualidad no goza de mucha simpatía entre los pueblos de la región, la caída en los últimos años del capitalismo y una eminente crisis económica, en la que hasta hace poco era la economía más fuerte del mundo, podría dar paso al desarrollo del Socialismo del Siglo XXI.
Esta es la opinión de Heinz Dieterich, uno de los pensadores modernos y analista de la realidad Latinoamericana, en materia económica, política e ideológica, quien actualmente se encuentra en El Salvador. Diario Co Latino tuvo la oportunidad de conversar Dieterich, de quien hemos reproducido artículos tomados del sitio web: www.rebelion.org

En la entrevista concedida a este rotativo Dieterich advierte que la economía en el Socialismo del Siglo XXI "busca la justicia social".

- Diario Co Latino (DCL): En primer lugar, conocer ¿cuáles son las diferencias que hay entre el socialismo de la guerra fría y el Socialismo del Siglo XXI?

Heinz Dieterich (HD): La diferencia es la computadora y la máquina de escribir mecánica. Es decir, son dos mundos diferentes. El Socialismo del Siglo XXI mantiene la búsqueda de la justicia social y la profundización de la Democracia real, participativa para la gente.
En ese sentido, es una continuación de miles de años de experiencias humanas para construir una sociedad más aceptable para todos.
Pero la diferencia principal es la institucionalidad, sería una democracia real que por supuesto sería incompatible con un partido único. Una democracia, también, que no puede contemplarse con el tema de la votación universal para un gobierno representativo. Sabemos que esto no genera una representación de los sectores más importantes de la sociedad en el parlamento y sería en la economía, la superación de la economía de mercado que existe desde hace más o menos cinco mil años, a través de una economía que se basa en el valor, entendido el valor como el tiempo de trabajo necesario para producir un producto… el motivo de la economía tampoco sería el mismo, no se haría economía para enriquecerse sino para satisfacer las necesidades básicas de la gente.
Otro elemento sería que la gente tuviera influencia en tres niveles de la economía: el nivel macro, por ejemplo, el presupuesto nacional; el nivel medio, en los municipios; y el nivel micro, en las empresas.
Entonces, el Socialismo del Siglo XXI, como muchas veces lo llamo también la democracia participativa, es una sociedad con una institucionalidad cualitativamente diferente a la actual. Si se quiere reducir a dos términos: una sociedad basada en la economía de valor y en la democracia participativa.

-DCL: En América Latina el tema ha evolucionado a partir de la propuesta que ha emanado de Venezuela. ¿Es Venezuela el país que promueve el Socialismo del Siglo XXI?

HD: El presidente (Hugo Chávez) de Venezuela ha popularizado el concepto y se ha avanzado en la justicia social y económica, quizá es parte de una sociedad más justa, pero no se ha creado la institucionalidad específica en la economía; por ejemplo, no se opera la economía sobre los tiempos, sobre los valores, sino, se hace sobre costos y beneficios como en cualquier economía de mercado… no se ha dado el paso decisivo hacía una economía socialista del Siglo XXI en Venezuela, ni en ninguna otra parte tampoco.


- DCL: Si hablamos de evolución, ¿en que fase se encuentra en estos momentos el Socialismo del Siglo XXI?

HD: Estamos en la fase de divulgación de la teoría, mediante impresiones en diferentes países, en el mejoramiento de la teoría del Socialismo del Siglo XXI, y piensa que ahora ya debería hacerse el primer estudio piloto con la economía de Socialismo del Siglo XXI, que sería empezar en una cooperativa o en una empresa del Estado. Establecer la contabilidad del valor al lado de la contabilidad capitalista que actualmente se utiliza.

- DCL: Para los países de la región Centroamericana, que quedamos en medio de los polos, al norte con Estados Unidos, dominando a través de un capitalismo que muchos advierten ha causado pobreza en la región y este nuevo esquema que viene del Sur. ¿Qué tan viable es este proyecto para la región?

HD: Hay que ver el proyecto del Socialismo del Siglo XXI junto con el proyecto de la integración Latinoamericana, porque por una parte, hay que dar los primeros pasos para una economía, una civilización postcapitalista. Esa es la tendencia de la historia mundial, pero, por otra parte, hay que resolver de inmediato los problemas más apremiantes de la gente, problemas de la tierra, desempleo, ecología, salud, educación, etc. Esos problemas hay que atacarlos con una política de desarrollo de la economía de mercado, para completar las instituciones de la economía socialista.
Ahora, ese intento de los países Latinoamericanos de integrarse y de desarrollarse con ayuda mutua, tal y como está formulado en el concepto del ALBA, o del Mercosur o del Parlamento del Mercosur, etc.; ese proyecto choca, por supuesto, con la doctrina Monroe, y ahí está la gran alternativa para países Centroamericanos, integrarse a los países bolivarianos del Sur o al TLC con Estados Unidos, que es un proyecto neoliberal.
Hace diez años, cuando se discutía que el TLC parecía claro para mucha gente y muchos economista que era la única posibilidad para América Central y América del Sur, integrarse a Estados Unidos, porque era la economía floreciente y entonces la integración dependiente a Estados Unidos, podría parecer atractiva.
Pero hoy en día todo es diferente, Estados Unidos está entrando en la más fuerte recesión (económica) desde los años 30, el dólar es una moneda a la cual rehuye mucha gente, y muchos gobiernos. Es un país con un desprestigio total por las guerras en Irak y Afganistan. Y es un país con una crisis fiscal, con un déficit comercial; que si alguien se quiere integrar a él es subirse a un barco que se esta hundiendo, de tal manera que a mi me parece que América Latina, por primera vez, se está convirtiendo en un bloque regional de poder, que no sólo es atractivo por el romanticismo de la patria grande, sino que es una alternativa económica real, como un polo de crecimiento de estabilidad económica frente a Estados Unidos. Aún los gobiernos que entraron al TLC, que siguen pensando en él, deberían tomar nota que Estados Unidos ya no es la gran locomotora que nos va a llevar a la felicidad, sino quizás tienen mejores posibilidades de integrarse a Petrocaribe o al Mercosur ampliado. América Latina se está convirtiendo en alternativa económica real y eso quizá es uno de los desarrollos más importantes que debe influenciar en la Geopolítica de los gobiernos centroamericanos y del sur.




- DCL: Este sería como uno de los grandes desafíos para consolidar este proyecto en la región…

DH: Sí.

DCL: Pasando ya a hechos concretos, ¿es necesario generar instituciones y estructuras que permitan consolidar el proyecto en toda la región?

DH: Lo primero sería, creo, la decisión de cada gobierno. Ver dónde está el futuro de la nación en lo económico, político, etc. y una vez que se haya definido el escenario, ya sea con la patria grande, (o) Washington, entonces sí sería necesario integrarse de manera antes posible a esa naciente estructura del Estado regional, como Petrocaribe, Banco del Sur, Banco del ALBA, ahora la integración militar, etc.

- DCL: En el caso del capitalismo ¿Cómo está el tema hoy en día en América Latina. Se debilita o qué está pasando con él? Usted menciona, en uno de sus artículos en Rebelión, que se ha debilitado con el socialismo del Siglo XXI.

DH: Claro. Por una parte, el capitalismo a través de sus crisis -y estamos entrando en una fuerte-, pierde credibilidad. Pero por otra parte, no hay una vía alternativa, entonces, la crisis o pérdida de credibilidad no cambia realmente la situación. La gente tiene que saber que hacemos en lugar de lo que tenemos y en ese sentido el Socialismo del Siglo XXI junto con el desarrollismo regional o el Cepalismo, como se decía antes por la CEPAL… es un elemento clave. Se construye dentro de las economías actuales un futuro para el campo, para la industría, para la tecnología de punta, etc. y al mismo tiempo empezar a construir las primeras instituciones de la economía del Socialismo del Siglo XXI, la economía equivalente.

- DCL: ¿Cómo queda aquí el tema de las corrientes socialdemócratas y la democracia cristiana?, hablando sobre el esquema del Socialismo del Siglo XXI. ¿Se incluyen o excluyen?

DH: Lo que sucede es que la Democracia Cristiana mundial y la Socialdemocracia, por definición, están en contra de un sistema postcapitalista, o socialista, por lo tanto, no podrían tener mucho interés en participar en la construcción del Socialismo del Siglo XXI, pero aquí hay un segundo elemento, la Democrácia Cristiana ha caído en manos muy agresivas y reaccionarias, encabezadas por (José María) Aznar y de hecho por la Casa Blanca, entonces, algunos elementos progresistas que puedan haber habido en tiempos pasados se han perdido, y hoy día es una cabeza de lanza para destruir a los gobiernos progresistas de América Latina, desde Cuba hasta Ecuador.
Y la Social Democrácia, como se identifica con la economía de mercado y el sistema político burgués, obviamente, está en contra también, de un sistema de economía justa, la economía de equivalencias y de una democracia más real y participativa.
Eso no excluye que haya alianzas tácticas o relaciones con gente Demócrata Cristiana y Social Demócrata de las bases, pero los aparatos que conducen estos movimientos están en contra de una democracia real, porque han hecho su pacto con el sistema capitalista.

- DCL: ¿Cuáles son los actores claves en el Socialismo del Siglo XXI?

DH: Por una parte los intelectuales, son importantes por su naturaleza de trabajo, elaboran los diagnósticos, los proyectos del futuro. Los políticos, tanto partidarios como de los Estados, que implementan diagnósticos y cambios; el empresariado, pequeño y mediano, que tiene una situación difícil en la economía neoliberal y tendría mucha más seguridad en la economía democraticamente organizada, y por su puesto, lo mismo vale para el pequeño campesino; los trabajadores, estudiantes, las amas de casa… salvo un pequeño grupo de gente extremadamente rica, a la mayor parte de la sociedad le conviene la economía de valores… de tal manera que la absoluta mayoría de la gente en la sociedad actual participaría más en la riqueza social que en la economía de mercado actual.

- DCL: Para ir concluyendo. Se dice, por grupos de derecha, que el Socialismo del Siglo XXI es comunismo ¿Cómo se demuestra que es un modelo de desarrollo equitativo?

DH: Pienso que la mejor manera es hablar con la gente y hacer círculos de estudio para que, desde su propia experiencia, conozca la propuesta y decida si eso es más democrático que lo actual o no.

- DCL: ¿En que países el proyecto ha tenido recepción? además de Venezuela, que es como el promotor.

DH: El presidente que ha utilizado más el concepto y que ha dicho que es una perspectiva para su país, además de Chávez, es Rafael Correa y Fernando Lugo, el candidato presidencial popular en Paraguay. Posiblemente en Ecuador y Paraguay podrían dar los primeros pasos prácticos en los próximos años. Éstos son procesos largos porque la economía es extraordinariamente compleja.

- DCL: Y la crísis en Estados Unidos, ¿podría contribuir en una medida a la evolución del Socialismo del Siglo XXI?

DH: Sí, porque lo que se le ha dicho a la gente en las últimas décadas, es que el capitalismo ya había dejado atrás su naturaleza de crisis periódica que es recurrente, que ahora ya se podía controlar todo esto y si la gente ve ahora que no, que ese sistema no proteje frente a crisis, desempleo, etc., van a empezar a cuestionar de nuevo la sabiduría de ese sistema y preguntará ¿realmente no hay otra alternativa? Es como un carro, si tu estás contento con él no lo cambias; pero cuando empieza a fallar a cada rato dices voy a comprar otro vehículo. Y en ese sentido, la crisis por su puesto va a afectar esa fe ciega de los ciudadanos en lo que les predican los economistas oficiales que mienten por lo general.

* Entrevista publicada también en Diario Co Latino

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