18 mar. 2010

Las históricas elecciones de 2009

Mauricio Funes se convirtió en un fenómeno electoral en la campaña.
Foto Iván Escobar


Un año atrás


Por: Iván Escobar

(*)

El Salvador es un país altamente político. De hecho creo que somos el país que más vive en elecciones, cada tres años, cinco y hace un año vivimos la carga electoral más gran de la historia política contemporánea.


La noche previa al 15 de marzo de 2009, fue una de las más largas. Recuerdo que los días como periodistas los contamos uno a uno, y no era para menos, yo quería que esas elecciones pasaran de una vez por todas. Más cuando había dado cobertura amplia a la campaña electoral, por más de un año, dando seguimiento a toda actividad político-electoral desarrollada por el partido de izquierda y su candidato presidencial.


El 14 de marzo fue sábado, y saliendo del trabajo a eso de las 9 de la noche, una llamada de personas alertándonos sobre la presencia de extranjeros en ciertos puntos de la capital para votar a favor del entonces partido de gobierno, nos llevo a dar cobertura hasta entrada la madrugada, en un ambiente sumamente tenso.


Insultos, agresiones físicas y verbales. Presencia de funcionarios del anterior gobierno de derecha y diputados de su bancada, coordinando la presencia de personas movilizadas desde distintos puntos del país, para “apoyar la logística” de partido oficial durante las elecciones del siguiente día. Presencia policial, tensión, cansancio, una sociedad que pedía a gritos, unas elecciones transparentes y honestas, en medio de un amplio clima polarizado y de mucha desconfianza. Así como una cantidad considerable de observadores y prensa internacional, que aguardaban lo peor.


La noche paso lentamente. Entre protestas de unos, cansancio de otros e incertidumbre de muchos. Mientras unos dormían otros se tomaron las calles y custodiaron puntos considerados dignos de vigilancia, como muchos decían. Es así que muchos salvadoreños, de todos los niveles sociales, edades y credos, se apostaron en las afueras del Estadio Cuscatlán y las instalaciones de la Villa Olímpica, esta última ubicada en Mejicanos. La idea según ellos era evitar que los extranjeros votaran en estas elecciones históricas para los salvadoreños.


Como periodistas ya nuestras baterías estaban casi agotadas. Las jornadas habían sido extenuantes y el siguiente día no pintaba para ser un día tranquilo. El desvelo y la calma llevo a mermar la situación y la violencia gracias a Dios no paso de ser meras amenazas, tanto de los manifestantes como de las autoridades. De lo contrario creo que hubiera sido un error si alguien promovía un hecho de violencia a ese nivel que se estaba el ambiente.

La mañana llego. Salí temprano a dar cobertura a la zona sur de la capital, a un centro educativo. La tensión que vivimos anoche, no estaba presente en los cientos de personas que ya habían acudido para votar a primera hora. “Es mejor venir temprano, por cualquier cosa uno no sabe”, me advirtió un hombre mayor, y quien encabezaba la fila de votantes, en el centro escolar “José Simeón Cañas”.


Revise durante esa ruta los periódicos. Nadie publicó nada sobre lo de anoche. Los noticieros no hablaron de ello, a excepción de la prensa alternativa, que daba seguimiento pleno a las acciones de la sociedad civil. La mañana paso entre notas y coberturas, a las principales figuras de la contienda: Mauricio Funes por el FMLN (izquierda) y Rodrigo Ávila por ARENA (derecha).


Al caer la tarde, y el cierre de de urnas anuncio el fin de la primera fase de las elecciones. Se concluía una pequeña parte quedando pendiente sólo los resultados. Como asignación me tocó estar pendiente de la primera reacción del candidato Funes, ganará o perdiera. Así fuimos a buscar donde estaba, y esperar.


Las horas caminaron. Radio El Salvador ya no transmitió a eso de las 6, sólo música y todos los medios daban por ganador a Funes. El tiempo pasó, esperamos impacientes en el Hotel Presidente donde él daría su primer conferencia. El lugar estaba inundado de periodistas, particulares y dirigentes de izquierda.


Al final un salón de hotel, llego a eso de las 9 de la noche pasadas. Ahí se declaró ganador y dijo una frase que no olvidare: “Esta es la noche más feliz de mi vida”. Ahí concluí yo mi cobertura, saque reacciones y al filo de la medianoche, el país celebraba y yo me disponía a descansar. Los sueños de muchos se habían cumplido. Las esperanzas ahora estaban puestas en el nuevo gobierno. La derecha estaba derrotada.


Un año después los descontentos son evidentes con el nuevo gobierno. Quien intenta impulsar las ofertas de campaña, en un ambiente muy inhóspito. La derecha ahora esta desquebrajada como partido y la izquierda también ha perdido cierto rumbo.


Sin duda las elecciones del 15 de marzo fueron históricas. El impacto aun se vive y los efectos del mismo aun causan reacciones.


(*) Periodista

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