26 sept. 2008

Mi idea de patria



*Paulino Espinoza

excesodeequipaje@gmail.com
Tomado de Diario Co Latino



Hace 29 años, el 14 de septiembre de 1979, cientos fuimos cocidos a balazos por guardias nacionales, policías nacionales y vigilantes de la Unidad Primero de Mayo del Seguro Social en San Salvador. Yo fui de los más afortunados, solamente sufrí una herida de bala en mi pie izquierdo. Más de una decena de compañeros y compañeras perdieron la vida. ¿Nuestro delito? Protestar por la celebración militar de la independencia patria que se realizaría al día siguiente.

En nuestro país es típico en estas fechas ensalzar las virtudes de nuestros próceres y desarrollar campañas publicitarias que nos despierten nuestro orgullo por ser salvadoreños y el amor a la patria, pero ¿Qué es la patria?

La patria no es el país ni la nación, la patria es otra cosa. Patria significa en sus orígenes más profundos, familia o clan, tierra paterna; a ella nos sentimos ligados por distintas razones. Su sentido más completo lo adquiere del concepto de común unidad, de la comunidad como tal.

Sin embargo, para los comerciantes la patria es precisamente el territorio, el lugar donde negocian y de donde sacan usufructo, por eso la defiende a capa y espada. No les importa matar, mentir, destruir y mancillar a quien se les ponga enfrente porque para ellos lo más sagrado de su patria es su ganancia; por eso nada les aterra más que escuchar ideas que atenten contra su propiedad privada y contra su Dios: el mercado.

En los años 70’s descubrimos, en el canto popular, una idea de patria distinta. La patria no es el territorio ni el país. La patria está «en los que no tienen nada que perder», en la gente, en los y las trabajadoras que solamente tienen sus manos vacías para procurarse el sustento. Esa gente que ha demostrado en repetidas ocasiones, a lo largo de nuestra historia, ser generosa hasta el sacrificio de la propia vida, gente que cuando «come y bebe no se olvida de su hermano que tiene hambre y tiene sed» como cantaba Viglietti en su disco «Trópicos».

Ejemplo de esta idea de patria la podemos encontrar en múltiples canciones. Después del golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, nuestros hermanos chilenos cantaban a una patria herida de muerte y a pesar del sufrimiento, sus canciones seguían proponiendo construir una patria que, reconociendo y asumiendo el pasado, se proyectara con esperanza en el futuro «Chile será de nuevo estrella, surco y mar, Patria de multitudes»…[1]

Mi queridísimo Gabino Palomares también reafirma este concepto: «Voy a hablarte querido compañero de la patria que ha de forjarse abajo, por los que hacen andar las herramientas y no tienen más riqueza que sus manos».[2] Gabino señala claramente que la patria verdadera es la que hacen los hombres y mujeres que trabajan y que la patria debemos forjarla desde abajo.

Joan Manuel Serrat nos dijo, hace ya varios años, cuando visitaba la tumba de los mártires de la UCA en la capilla de la misma universidad, que él había aprendido de su madre, que la patria era el lugar a «donde a uno le daban de comer», es decir, la patria es también solidaridad con el que sufre.

Pedro Geoffroy Rivas en su poema «Para los nietos del jaguar» reafirma esta postura: «Desde abajo, desde donde fue el principio vino creciendo la raíz, extrañamente hacia arriba, buscando luz, tal vez aires respuestas, escaleras para los jugos primordiales, oscuro metal marcándonos hasta un futuro irremediable. Así se gritó el rumbo, se trazó la señal, se roturo el surco de la estirpe…»

Roque Dalton apunta en la misma dirección cuando, en el Poema de Amor, después de describir con rabia, dolor e ingenio quienes somos los salvadoreños, dijo que la patria está precisamente allí, en los «tristes más tristes del mundo, mis compatriotas, mis hermanos».

Luis Enrique plantea que el regreso a la patria se hace «cargado de ayeres, ranchos y dolor»[3]; Guillermo Cuéllar escribió en su canción «Canto a la patria revolucionaria»[4], que esa patria se construye a partir de hombres y mujeres nuevos; Andrés Espinoza, en su canción «Cada día», dice que esa patria se construye con amor por los demás y el Grupo Son 3⁄4 en su canción «Dios, Unión, Libertad» plantea una recuperación de los valores expresados en nuestro símbolos patrios[5].
Todas estas ideas nos indican que no se puede construir una patria si como pueblo no recuperamos nuestra dignidad, es decir el respeto que, como seres humanos, todos y todas merecemos, de la igualdad esencial que todos y todas tenemos tenemos, del valor de la persona.

Del irrespeto a este valor, del no reconocer al otro o a la otra como un ser con derechos iguales a los míos, viene el desprecio por la vida. Hace treinta y cinco años no hubieran matado a Víctor Jara con más de 40 disparos -como registra su autopsia- si sus victimarios lo hubieran visto como persona.

Pero ellos tuvieron que degradarlo, despreciarlo, humillarlo primero. Lo mismo hicieron con los centenares de niños del Mozote y tantos otros. Por esto mismo, esta idea de patria no tiene fronteras; por eso José Martí decía «Nuestra América»; por eso también debe de dolernos la muerte de Salvador Allende y los miles de chilenos y chilenas víctimas del golpe de septiembre del 73 y debe dolernos la muerte del sacerdote jesuita James Francis Carney Hanley, «el padre Guadalupe» a quien recordaremos el próximo 21 de septiembre con una misa en la Ciudad de El Progreso en Honduras.

Por ello, para construir una verdadera patria, debemos recuperar esa dignidad a partir del testimonio de las victimas y de los hombres y mujeres que antes lucharon inclaudicablemente: Anastacio Aquino, la mujeres del 44, Prudencia Ayala, Monseñor Romero, Rutilio Grande, Rufina Amaya, Mélida Anaya Montes, Cayetano Carpio, Patricia Cuellar, Apolinario Serrano -asesinado el 29 de septiembre de 1979 junto a Patricia Puertas, José López y Félix García, -, María Elena Salinas, Justo Mejía, María Julia Hernández, Giovanni Quesada, la víctimas del Mozote y Sumpul, solamente por mencionar algunos ejemplos que tengo más a flor de piel.

Ver al pasado es entonces algo vital, imprescindible. No se puede ver al futuro sin un referente. Ellacuría nos enseñó que esa vista al pasado debería estar acompañada de un método que llamó «historización», es decir, dimensionar en su justa medida los acontecimientos en su contexto real, pero extrayendo y actualizando sus enseñanzas. Se tiene que ser muy torpe, o miope, o mal intencionado, o bien, indigno, prepotente o malicioso, para no entender esto.

Les propongo que revisen la letra de nuestro himno nacional, especialmente en su tercera estrofa que dice «Respetar los derechos extraños y apoyarse en la recta razón es para ella, sin torpes amaños, su invariable, más firme ambición», y que recuperaremos su mensaje y con ello volver a la historia, volver a las heridas y si es necesario abrirlas nuevamente. A veces los doctores abren las heridas para quitar la infección.

Termino con este poema que bien hubiera querido escribirlo esta madrugada en que me desperté pensando estas cosas, pero que fue escrito por Pedro Geoffroy en 1954.

Patria
Patria sin superficie,
Hondura solo
Apretada raíz inacabable.

Patria sin voz,
Mirada únicamente,
Eterna claridad,
Sonrisa pura.

Patria sin realidad,
Apenas sueño,
Dulce visión de vegetal violento.

Patria sin alegría:
Dolor
Y otro dolor
Y más dolor
Y lágrimas de piedra.

Patria con esperanza,
Firme,
Pura,
Desolada,

Limpia:
Tú me has vuelto el volcán dentro del pecho
San Salvador, 14 de septiembre de 2008.

No hay comentarios: