20 sept. 2008

“[La objetividad informativa] es una utopía, pero las utopías están para llegar a ellas, no para admitir que son inalcanzables”

Entrevista a José Manuel de Pablos, catedrático de Periodismo de la Universidad de La Laguna

Salvador López Arnal
Rebelión


José Manuel de Pablos Coello es catedrático de Periodismo de la Universidad de La Laguna (Tenerife, Canarias). Formado en la prensa de Madrid en los años 70, fue director de dos diarios en Canarias en los 80 y 90. Ha dirigido más de 30 tesis doctorales, la mayoría de profesores latinoamericanos. Es presidente de la Bienal Iberoamericana de la Comunicación y de RAIC (Red Iberoamericana de Investigación en Comunicación). Es miembro de la junta de la Fundación CEPS y asesor de revistas académicas de Chile, México, Colombia y España, además de editor de la decana española enlínea, la publicación de referencia Revista Latina de Comunicación Social. Trabaja en prensa comparada y tecnologías de la información. Entre sus publicaciones destacan El Periodismo, herido. Estudios que delatan divorcio entre prensa y sociedad / El País, como referente; La red es nuestra; Infoperiodismo y Amarillo en prensa.

¿Por qué noticias importantes aparecen en algunos medios en lugares recónditos y noticias triviales o escasamente importantes aparecen muy destacadas?

Esa indudable realidad obedece a la estrategia editorial de cada medio y se ve orientada por los intereses económicos, políticos, sociales, de todo tipo, que presionan sobre la empresa editorial, sobre el editor… y las menos de las veces sobre los periodistas, a no ser que suceda como en el diario madrileño El País, donde varios directivos de la redacción comulgan políticamente con los intereses del patrón. En última instancia, los medios informativos, sobre todo la prensa, ha dejado de ser lo que eran, al entrar el mercado de lleno en sus consejos de administración y empezar desde entonces a manejar el periódico como un arma arrojadiza contra todo aquel que pueda enturbiar los negocios empresariales, que usan el diario como un arma de presión y ataque, tal es el caso de PRISA, por ejemplo, en Bolivia, Venezuela, además de España, y, en sentido contrario, en Colombia, hasta el punto de haberse convertido PRISA y El País en el segundo, y mejor, embajador de Uribe en España.

Pero, ¿no es algo exagerado lo que acabas de apuntar? El País se ha movido durante años en el ámbito de la socialdemocracia neoliberal gobernante, incluso ha señalado posiciones a los gobiernos de turno; Uribe está en la derecha extrema, por decirlo blandamente. ¿No hay aquí una neta contradicción?

La contradicción de los negocios de PRISA; la doble moral mediática: hacen o dicen de América Latina lo que no se atreverían a hacer en España. Los negocios no tienen contradicciones cuando acarrean plata a las arcas del patrón. Apoyan a Uribe y a Alan García y a los golpistas venezolanos. Es como si hubiera dos periódicos distintos: aprovechan la poca cultura latinoamericanista de muchos lectores para hacer ese doble juego.

Los medios de información, ¿son medios de formación cultural, ideológica, o medios de información?

Deberían ser meros medios de información, con lo que implica de formación, pero se van transformando poco a poco en medios de manipulación e intoxicación informativa, con todo el peligro que ello supone. A veces, de forma activa y otras realizando el boicot a algún personaje, como viene ocurriendo estos mismos días con la gira europea del presidente de Costa Rica, que viaje con media docena de sus ministros, y El País le aplica el silencio, por haberse atrevido: a) hablar bien de Chávez en el Parlamento Europeo, donde seguramente estaba su corresponsal, pero eligieron la nota de Efe, que mutilaron; b) haberse atrevido a explicar la razón de la presencia de aviones rusos en Venezuela, frente a la presencia militar de Estados Unidos en torno a Rusia. Estas cosas no las perdona el aparato político-mediático de El País, que actúa como si fuera un estado mayor y toma sus decisiones de manipulación.

Pero, estas decisiones a las que aludes, ¿se deciden conscientemente en tal o cual grupo de dirección o es más bien que la ideología grupal consolidada les lleva a interpretar los acontecimientos de la forma que cuentas sin necesidad de acuerdos por arriba ni mandos jerárquicos?

No creo que sea un grupo de redacción, sino los directivos. Actúan con el mismo espíritu de la escritura del último editorial sobre Ernesto Guevara, que fue repudiado por la mayoría de la redacción, con gran disgusto para José María Ridao. Cuando la actual película sobre el Che sea un éxito clamoroso, ya se ocuparán de presentar otro editorial o semejante para tratar de volver a echar porquería a la figura del argentino guerrillero. Ya han hecho algo. No soportarán su éxito ni el éxito de la siguiente película que viene. Hay que tener en cuenta que algunos directivos –el primero, su director- nació al periodismo en la ‘escuela’ del máster que tienen con una universidad (pública) que no imparte periodismo, muestra del éxito de la presión sobre una universidad temerosa de negarse a la voluntad de un poderoso. Esto origina, en algunos casos, una buena parrilla de neo-cons mediáticos, que se presentan como progresistas, cuando son meros servidores de una ideología muy bien labrada. El grueso de la redacción no tiene nada que ver con esto. Cuando usaron la web de la CIA (sí, la CIA) como fuente de información, ¿alguien cree que eso fue consultado con la redacción, consensuado?

¿Qué papel juegan los intereses económicos de las empresas propietarios de los medios en las informaciones que estos mismos medios trasmiten?

Los medios ya no lo son de información, sino de transmisión y fortalecimiento de los intereses del patrón de turno, que para eso los has adquirido… En el caso citado de Costa Rica, si allí hubiera intereses en juego, la decisión sería golpear a Óscar Arias, para ablandarlo; como no hay mucha plata en el aire, pues simplemente lo ignoran, silencian su presencia en España (Cádiz, Madrid…) y punto.

¿Es posible la objetividad informativa? ¿No es una utopía inalcanzable?

Es una utopía, pero las utopías están para llegar a ellas, no para admitir que son inalcanzables. Los periodistas que ejercen de profesionales, con la vocación con que la mayoría sale de las facultades, son capaces y están preparados para ser objetivos y hacer el mejor periodismo. El grueso de la redacción de El País, también, no lo dudemos. Pero es un caso de secuestro de cabecera. Cuando llegan a las empresas se encuentran con la cruda realidad de un editor –a veces, analfabeto, como sucede con los comentarios racistas y xenófobos del dueño del periódico fascista El Día, de Tenerife- y entonces se dan cuenta de que se transgreden sus principios y se han de dedicar a otra cosa… donde la objetividad no es penada. Así, tenemos a grandes periodistas escondidos en las secciones de deportes o en sucesos, a veces a la espera del cambio que no va a llegar, mientras las empresas sean las editoras. De hecho, uno de los mejores periódicos del momento, La Jornada, de México, lo es porque sus propietarios son los redactores. Es la única forma de hacer periodismo hoy. El otro caso era el de la familia catalano-colombiana Cano, que pusieron siempre su alta vocación periodística por encima de todos los intereses, incluso los de la propia empresa… cuyo edificio fue dinamitado y su director, Guillermo Cano, asesinado a las puertas del diario. Y, así y todo, siguieron en su línea. Son dos ejemplos de utopía alcanzada.

Edificio dinamitado, Guillermo Cano asesinado. ¿Por quién? ¿Cuándo ocurrió?

El diario El Espectador ha sido uno de los mayores ejemplos del mejor periodismo jamás habido. Dicen que fueron narcotraficantes quienes lanzaron un camión con dinamita contra sus instalaciones y a Guillermo Cano lo tirotearon unos sicarios en las puertas de su redacción. Con todo eso, lo que consiguieron al final fue que el propio público colombiano se asustara de leer periódico tan grande y arriesgado… y le dio la espalda. Cuando cerraron en una primera época –hace muy pocos años de todo esto-, se dijo que había muerto un periódico privado pero de servicio público. La tesis doctoral de Sara Bozzi, de Cartagena, explica con detalle toda esta crónica, una de las más amargas de la historia reciente de la prensa en castellano.

Has hablado del diario “madrileño” El País como para-digma de para-periodismo y de ‘prensa única’, incluso del diario de intoxicación global. ¿No exageras? ¿Puedes justificar tus afirmaciones?

Escribí “madrileño” porque hay otras cabeceras con ese mismo título.

Sólo hay que seguir su lectura con ojo crítico para darse cuenta del nuevo paradigma que está dibujando PRISA con su cabecera de bandera. En El País están abandonando el campo del periodismo y entrando en el pantano del para-periodismo, dicho sea con el mismo sentido de que hay farmacias y para-farmacias. Lo que sucede es que mientras las para-farmacias quieren ser farmacias, en el caso del periódico es a la inversa: por intereses políticos y económicos, confundidos, retroceden de periodismo a para-periodismo. Además, desde hace un tiempo (Ver mi libro El Periodismo, herido. Estudios que delatan divorcio entre prensa y sociedad. El País, como referente, Madrid, 2001, Foca Investigación); además, digo, hace tiempo han tomado la deriva de abandonar el concepto ‘prensa de calidad’ o ‘de referencia’, para transformarse poco a poco en un diario popular, en el sentido más amplio del término, con su dieta diaria de erotismo, por ejemplo.

El País, en todo caso, no siempre ha ejercido ese papel. Eran otras sus finalidades y sus cualidades por así decir. ¿Cómo explicas su evolución?

Cierto. Hubo un tiempo en el que ese diario fue en realidad de referencia, pero ese tiempo ya ha pasado, a pesar de tener profesionales capaces para ‘reflotarlo’, cualitativamente hablando. Lo malo es que mucha gente, sobre todo en Latinoamérica, todavía no se ha percatado del nuevo paradigma de para-periodismo construido. Esa pregunta habría que hacérsela al académico-por-carambola-ajena Juan Luis Cebrián. Más que una ‘evolución’, si entendemos esa voz como sinónimo de avance y progreso, lo que está sucediendo en El País es una contra-evolución, y lo han manifestado siempre con su espíritu anti-comunista, con la persecución a Julio Anguita, con sus silencios y gritos sobre Cuba, con su silencio sobre Chávez cuando éste les encargó un barco de ejemplares de El Quijote… hasta el momento del cobro, no antes… El País se ha convertido en un diario de la contra.

En el fondo, también has escrito, El Mundo y El País son la misma cosa. ¿La misma? ¿No observa diferencias sustantivas entre ambas publicaciones? Sus enfrentamientos son o eran frecuentes.

La misma cosa, con una diferencia: el papel que hace en España El Mundo es el que juega El País en América Latina: en ese sentido digo que son la misma cosa. Claro que son diferentes: El País es monárquico, más que Abc, y El Mundo, no tanto. Sí, tienen diferencias… Además, es justo decirlo, El Mundo trata los temas de América Latina con más profesionalidad y objetividad que El País. Dos ejemplos: Durante la controversia Uribe-Chávez cuando los rehenes, entre noviembre de 2007 y enero de 2008, la deriva pro-Uribe en El País fue de 2,78 frente a 0,35 (Chávez), equivalente a una dedicación del 73,85% del espacio a Uribe, frente a un 26,15% a Chávez, sin contar aquí los insultos repetidos contra el presidente sometido a un revocatorio, esa figura de progreso democrático que nunca veremos en España. Ese mismo asunto, tratado por El Mundo (José Luis Hernández et adl.) fue de 59,1% (Uribe) frente a 40,9% (Chávez), lo que muestra un equilibrio bastante distanciado del 73,85% y 26,15%, respectivamente, de El País citado antes. Lo mismo puede decirse de la forma de cubrir el golpe descubierto estos mismos días de septiembre de 2008: mientras El País se lo ventiló en una docena de líneas, El Mundo le dedica media página, en un servicio especial firmado. No obstante, ambos diarios hacen ‘noticias de compensación’, o sea, sesgadas a favor de Uribe o contra Chávez, cuando aparece una noticia totalmente favorable a la figura del presidente venezolano. En eso también son iguales.

Pero, por otra parte, si como dices las manipulaciones de El País son tan frecuentes. ¿Por qué tiene tanta influencia cultural y política en España? ¿Por qué la intelectualidad española, incluso la de izquierdas, desea colaborar en él?

Los intelectuales, muchos de ellos, viven en el limbo. Ya no digo los ‘intelectuales orgánicos’ del entorno de El País, así calificados por Juan Goytisolo en su singular artículo “Vamos a menos” (El País, 10 de enero de 2001, páginas 11 y 12), donde habla de las presiones internas que se sufren en el diario. Vean lo que dice Fernández Liria del error actual de la intelectualidad europea. La influencia cultural y política, indudable, se debe exclusivamente a su tirada: si el diario Marca dice algo de un político, su incidencia también será grande: es cuestión de números, de masa… no crítica, de adocenamiento de una gran parte de la sociedad española, la que vive en el bienestar, la que mira para otro lado y prefiere la tele a la lectura. Sólo es eso. Es una influencia prestada, ajena a la sustancia de El País. ¿Intelectuales de izquierdas que desean colaborar en El País? Podrán ser intelectuales –lo era Blas Piñar, lo era Fraga Iribarne--, pero de izquierda ‘razonable’ es dudoso y lo será cada vez más. Un intelectual de izquierda que contempla la constante manipulación no puede mirar para otro lado. Publicar aquel manifiesto de Saramago en las cartas al director o silenciar su última visita a La Habana, ¿no es una inmoralidad periodística? Y Saramago sigue… por intereses que habría que preguntar a Saramago.

Pero, ¿qué intereses pueden ser esos en una persona consagrada de la edad de Saramago, con su trayectoria política conocida por lo demás?

Habría que preguntarle a Saramago. Pero cuando aquellos lamentables fusilamientos en La Habana que fueron criticados por Saramago, El País le dedicó todo el eco mediático; cuando poco después Saramago viajó a La Habana, su viaje fue cubierto con el silencio del corresponsal. Igual no se enteró de que Saramago estaba en Cuba. Pero las agencias de prensa sí se ocuparon de su agenda y de sus nuevas declaraciones. Los lectores del diario no tuvieron noticia de ello. Igual no era importante o no les casaba con su constante campaña anticubana.

Vuelvo sobre un tema anterior. ¿Por qué llamas a El País el vocero de Uribe? ¿Tiene el presidente colombiano intereses en él?

No lo llamo, lo es. No es que Uribe tenga intereses en PRISA, es que PRISA tiene grandes intereses en Colombia. Uribe viajó desde Argentina a Bogotá, adelantando su salida de Buenos Aires, para estar en la inauguración de las instalaciones de Caracol en Bogotá e imponer una condecoración a Polanco: ¿un editor condecorado puede ser objetivo con el condecorador? Colombia es sinónimo de negocio para PRISA y si algo cuidan bien en esa casa es el negocio del patrón.

¿Crees que hay algún sector de la prensa que se edita en España que tenga un real interés informativo?

Es obvio que no puedo generalizar, pero en estos momentos, aparte de Público, en ocasiones y a ver hasta cuándo, sólo se puede leer prensa no comercial y alternativa. No hay más. Es un panorama muy pobre. Han acabado con los lectores críticos y capaces de pensar a fondo y leer entre líneas.

¿Entonces Público te merece una opinión positiva? ¿Es mejor prensa en su opinión?

Todavía es pronto para hablar con detalle de Público, pero inserta cosas que en El País ni se sueñan y algunos comentaristas son oro fino, sin contaminar. No ha habido un antiguo militante del PTE, Partido del Trabajo de España, fichado en un momento muy particular para dirigir las páginas de economía de El País, por ejemplo.

¿Te refieres a Joaquín Estefanía? Por otra parte, ¿cuáles son esos comentaristas de oro fin en tu opinión?

Eso cuenta Alfredo Grimaldos en su libro La CIA en España, página 213 (Debate, 2006). Habría que preguntarle a Ramón Akal si después de la ‘negociación’ entre Estefanía y Polanco el primero le pidió (a Akal) que no reeditase el libro que Estefanía había escrito sobre la Trilateral, donde retrataba a los españoles integrantes de ese club… al que se había incorporado recientemente Jesús Polanco. Preguntar, entonces, al propio Estefanía, a Grimaldos y a Ramón Akal. Esos columnistas de Público a los que me refiero son los que comentan cada día de lo que nadie más habla y lo hacen con toda la claridad, hasta el punto de que uno sólo de esos comentarios ya es suficiente para la lectura de Público.

¿Los nuevos medios informativos están destinados a superar la prensa? ¿Observas aquí aristas que valga la pena destacar?

A un gran sector de la prensa, a sus empresas editoriales, les sobra arrogancia y no se dan cuenta de la crisis en la que están o a la que van. Los nuevos medios, sin duda, son una posibilidad de sacar a la sociedad de la crisis a la que le llevan los grandes medios-de-empresa. Bienvenidos sean. Lo que sucede, amargamente, es que la confusión y la crisis de sentimientos están acabando con los lectores. Es inamisible que en ese erial en el que estamos, proyectos como “Diagonal” no haya logrado los 5.000 suscriptores precisos para su mantenimiento. Hay quienes claman por la situación, pero luego no se suscriben y dejan correr un proyecto benemérito como ‘Diagonal’, ‘El otro país’ o ‘La República’. La destrucción del público por medio de la basura televisual –en la que ha cooperado el poder desde TVE- ha sido casi una obra maestra: por ahí se debería de empezar, por reconstruir los públicos, lo que implica pensar, esa materia tan despreciada en los sectores de poder. Y también, por unificar fuerzas: no es posible que existan tres cabeceras tan semejantes, compitiendo por el mismo mini-sector de lectores residuales, me refiero a ‘Diagonal’, ‘El otro país’ y ‘La República’. Habría que tender a la unificación de esfuerzos de estos tres proyectos tan importantes.

¿Reconstruir los públicos? ¿Y eso cómo se puede conseguir?

Es muy difícil. Tal vez habría que empezar por hacer más trabajos comparativos de la prensa y mostrarlos; exigir que España deje de ser el único país europeo sin un organismo público de control audiovisual (una desvergüenza de nuestra débil democracia) y que, desde la universidad, los liberados de la sociedad que somos los docentes e investigadores, se auxilie a la sociedad, para que ésta pueda llegar a ser un tanto crítica con la dieta mediática que le sirven tantos medios como lo que se ha citado aquí tan de pasada.

¿Estás a favor de la prensa pública, de la televisión pública, de la radio pública? Si es así, ¿cómo podrían evitarse o superarse las presiones de los gobiernos de turno?

Estoy a favor, es obvio, del sector público, de la tele pública y de la sanidad pública también, por ejemplo. Lo que sucede es que en este país, que antes era de 20 familias, ahora lo es de 19…+1 y quienes mandan no es el gobierno incapaz, por ejemplo, de acabar con el concordato, sino los bancos y los sectores que en su día obligaron a Felipe González a guardarse el puño cerrado en los bolsillos… con la promesa de que acabaría millonario, como ha sucedido… Solamente la movilización democrática de la sociedad podrá ser capaz de acabar con toda la corrupción existente y la latente también.

Y esa movilización democrática a la que aludes, ¿cómo puede generarse? ¿Crees que hay ya ciudadanía predispuesta para ello?

No la hay. Una muestra es la abstención en las suscripciones a las tres cabeceras de auténtico servicio público citadas que están manifestando tan bien su capacidad para esa misión.

En algunos lugares del mundo, con menos posibilidades económicas que España, e incluso con menor presencia gubernamental de la izquierda, se publica prensa de interés. Pienso, en La Jornada en México (tú hablabas antes de ella) o Página 12 en Argentina. ¿Cómo se explica eso?

Muy sencillo: porque son sociedades menos desarticuladas que la nuestra. La española es una sociedad destrozada. El caso de ‘La Jornada’ o de la revista ‘Proceso’, de México, es posible porque los periodistas allí no se han entregado a la empresa. En España se perdió la oportunidad de las ‘Hoja del Lunes’, que era de los periodistas y la empresa acabó con ellas. En España no existe el sentimiento cooperativo presente en México, por ejemplo. Y cuando surge un fenómeno como ‘Diagonal’, el público, ¿de izquierda?, le da la espalda o un apoyo insuficiente. Parece que hay una idiotez generalizada que impide ver en España un proceso naciente, como el de ‘La Jornada’ de México. No es, pues, culpa de los periodistas, sino del error de su público, que no tiene agallas para apostar por el futuro y prefiere seguir sufriendo el abuso mediático. Lo malo es que si uno de los procesos citados pinchara, va a tener que pasar mucho tiempo antes de que otro grupo se anime por esa vía. No se puede perder el tiempo.

Pero, ¿por qué el público español, la ciudadanía española, no tiene agallas para apostar por el futuro en este ámbito?

Tal vez sea el adormilamiento originado por la basura televisual que nos embarga. Por eso, además, tanta facilidad para abrir emisoras y emisoras, y palo para los proyectos alternativos de movimientos sociales y ciudadanos.

¿Qué papel crees que juegan los medios de comunicación (o de inculcación) en procesos políticos como el venezolano? ¿Por qué los golpistas de 2002 saludaron y agradecieron el papel de esos medios?

Los medios apoyaron el golpe venezolano, en Caracas y en Madrid, ‘El País’, sin ir más lejos (ver, por ejemplo, el libro de Luis Alegre). Para la prensa única, hay golpes buenos y golpes malos, como hay atentados buenos y atentados malos. Es malo que los rusos hagan maniobras en el Caribe, pero ven con muy buenos ojos que la flota yanqui esté en los alrededores de Rusia y los misiles en Polonia apuntando hacia el Este. Hay un gran cinismo mediático. Lo volveremos a ver en octubre, cuando se reúna en Madrid la patronal de la prensa única. Los golpistas venezolanos y los editores eran-son la misma gente. Están haciendo su juego y lo hacen lo mejor que pueden. Los medios venezolanos llamaron al golpe en todo momento, antes y después del propio golpe. El ‘error’ de Chávez fue no haber suspendido la licencia de las emisoras golpistas justo al reinstaurarse el orden democrático en Caracas. En el caso de ‘El País’, es de agradecer que existan hemerotecas, para seguir estudiando su estrategia editorial anti todo lo que suene a progreso (social) en América Latina, donde se pueden poner en jaque sus enormes intereses.

No era fácil hacer lo que señalas. Cuando tiempo después no renovaron una licencia, la prensa venezolana y parte de la mundial les tildó de dictadores, de gorilas, de estalinistas.

La prensa única actuó así, porque para eso es la prensa única, que es la versión mediática del concepto ‘pensamiento único’.

¿Cómo ves globalmente la prensa en el mundo? ¿Es España un caso singular o forma parte de la corriente general?

Hay que empezar a aceptar la idea de ‘prensa única’. Si en el fondo ‘El País’ y ‘El Mundo’ son la misma cosa, con sus ligeras diferencias (excepto con el tratamiento a lo latinoamericano) y sus disputas de despistaje, lo mismo sucede en otros lugares donde la prensa es de un editor que ha pedido el norte y que ya desconoce que los medios son un servicio a la sociedad. Piensan que son un servicio a la sociedad… mercantil que usa y abusa de su propiedad, lo cual conculca los principios de qué es un medio de comunicación… social, cuya propiedad final reside en sus lectores. España –con sus medios entregados a La Zarzuela; la tele, más babosa que nadie- no es un caso único, pero es el que padece la sociedad española, de ahí nuestra mayor preocupación.

¿Medios entregados a La Zarzuela? ¿Puedes darnos algún ejemplo?

Sólo hay que haber visto cualquier canal de televisión durante el campeonato de fútbol de hace unas semanas para ver el embobamiento y la falta de rigor de tantos medios, los mismos que han acuñado aquello del ‘talismán’ real que hace que España gane trofeos y medallas, no porque en un momento determinado los deportistas sean mejores que los otros, sino por el ‘talismán’.

Sí, sí, tienes razón. Recuerda el pensamiento mágico-servil. Gracias por tu tiempo y tus reflexiones.

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