13 feb. 2008

El cuarto poder es vulnerable

Por Jaime Ascencio

Cartas le llegan miles, seguramente millones y quien sabe si todas son satisfechas. Usted, señor Presidente de la República y Comandante General de la Fuerza Armada, Don Elías Antonio Saca, quizá, por sus múltiples ocupaciones, no conoce del todo lo que a su despacho se remite.

Previendo esa carga y pretendiendo que tenga tiempo de leer estas líneas, le dirijo esta carta con la firme convicción que sabrá ordenar qué hacer. Le aclaro señor Presidente que mi misiva no le pide absolutamente nada, le exige sí, para que usted exija a quien corresponda, el cumplimiento de la ley.

Sucede que el día 23 de diciembre de 2007 fui despedido de la Radio Cuscatlán, emisora adscrita a la Fuerza Armada, que a su vez está inserta en el Ministerio de la Defensa y de la que por Constitución lleva usted las riendas. El caso es que fui despojado de mi cargo, sin reconocérseme el tiempo laborado por un periodo superior a los siete años.

Argumentos que sustenten mi separación de la empresa a la que en el tiempo que laboré como periodista serví con profesionalismo y honestidad, no hay. No se me dieron las explicaciones del caso como se debe. Hasta donde yo tengo entendido todo despido tiene una justificación y todo despedido tiene derecho a saber por escrito las motivaciones que llevaron a prescindir de sus servicios, pero en mi caso no ocurrió nada de eso. Todo fue verbal. Incluso el día 29 del mismo mes en que se me ratificó la decisión, me dijeron que “recordara que la empresa no indemniza”, pero que podía acudir al Ministerio de Trabajo para hacer gestiones.

Y ese fue, precisamente, el paso que di a principios de este año. Me alegré cuando me confirmaron que había lugar al reclamo. “Llévelo a la empresa y pregúnteles cuándo le van a pagar. Deles de plazo una semana y si no responden vuelva”, fue la recomendación que me dieron en esa cartera de estado. Lo llevé y ahí se me advirtió desde un inicio que el proceso “tarda”. Yo opté por alargar el tiempo y pregunté a las dos semanas. Y qué desconcierto: el caso lo remitieron al jurídico y de ahí no pasa. Pasé tres semanas preguntando: “cuándo”, “cuándo”, “cuándo”. Y la respuesta ha sido la misma: sigue en el jurídico y eso tarda. Estoy cansado de preguntar, Señor Presidente.

Como uno nunca se ve en un escenario de que puede ser despedido no se esmera por conocer sus derechos laborales. Este caso me ha dejado una lección ya que he tenido que revisar algunas leyes para medio entender las circunstancias en que me encuentro, difíciles por cierto porque ni el contrato de trabajo tengo en manos, la copia siempre se nos ha negado. En esta sofocación, retorné al MINTRAB el día 17 a pedir asesoría. La respuesta fue más contundente: ¡Ah, lo que están esperando es que el tiempo prescriba y ya no haya lugar a reclamar”. Yo desconocía que las cosas acababan a los dos meses (60 días).

Lo que le queda aquí es que los demande. Me enviaron a sacar copia de otros documentos y me sugirieron pasar con el abogado. El profesional que me atendió me dijo, después de un breve intercambio de palabras, que no procedía la demanda. Y me ilustró que si él fuera el patrón, por los días que restaban para concluir el 2007, argumentaría la terminación de contrato y todo esfuerzo mío sería en vano. Sus palabras las secundó con el Código de Trabajo. Pero antes de esto, en esa misma institución me aseguraron que la única vía posible era la Ley Reguladora de la Garantía de Audiencia de los Empleados Públicos no comprendidos en la Carrera Administrativa. Aunque se lo hice ver me insistió que no. Ese día se cerraron las puertas allí. Sólo pensé: es lógico, el Estado no puede estarse juzgando a él mismo.

A partir de hoy únicamente me quedan 19 días para hacer valer mis derechos, los cuales han sido vulnerados de forma arbitraria, Señor Presidente de la República. El tiempo apremia y justo y necesario es que interponga sus buenos oficios.

Acaso usted piense Señor Presidente de la República el por qué un periodista se ha tomado la molestia de reclamar públicamente cuando lo más práctico es hacerlo discretamente independientemente del resultado que se obtenga. O simplemente buscar otro trabajo.

Por actitudes como esas es que la impunidad reina en este país. Hay quienes prefieren “olvidar” los agravios a cambio de seguir activos laboralmente. Conozco muchos casos de periodistas que han optado por abandonar la lucha por la defensa de sus derechos para no ser aislados pese a su experiencia. Como usted bien sabe, casi todos los medios por no decir todos, suenan a un mismo ritmo cuando alguien es “non grato”. No quiero decir que esto me pase, aunque el que me consideren “periodista de izquierda”… dice bastante. Y lo otro es que los medios de comunicación, como en el caso de la riqueza, está concentrada en una o dos manos.

La coacción que se ejerce sobre los periodistas que salen ilesos después de un recorte en las empresas periodísticas, los lleva a no solidarizarse en público so pena de correr la misma suerte. Peligroso mostrar afinidad, peligroso exponer los casos en los medios, peligroso hablar de ese tema prohibido. Como ejemplo que creo usted no desconoce está el del colega Gerardo Hurtado, de la Corporación YSKL, además un fotoperiodista de El Diario de Hoy y este quien escribe. Fuimos separados en un periodo comprendido de noviembre de 2007 a enero de 2008.

Los despedidos nos quedamos sin aliados y las pocas palabras que se nos dirigen, apenas suavizan la dura realidad que hoy padecemos en carne propia y que antes atestiguábamos a través de las noticias que comunicábamos. Hoy me doy cuenta que no es un tema fácil y, menos, insignificante, el ser despedido y estar desempleado… sin embargo a nivel de medios de comunicación estos hechos no tocan fondo, y si se comentan es superficialmente. “Los grandes temas” que por siglos no han sido resueltos, acaparan la atención.

Presidente, a estas alturas de mi exposición, usted se preguntará por qué le dirijo esta carta. Es sencillo. Usted es el Comandante General de la Fuerza Armada y como tal alguna respuesta podría proporcionarme sobre mi despido injustificado.

Antes quiero hacerle saber que esta insistencia tiene varias aristas. Una de ellas, la principal, es que los periodistas no estamos educados para hacer valer nuestros derechos. Estamos acostumbrados a velar por el de los demás pero no por los nuestros. Los nuestros ocupan el último lugar y a veces no existen. Pero no siempre es por desconocimiento. A algunos los avergüenza saberse en desventaja y por otro lado la “ética”. Se nos coloca un candado del cual tenemos la llave pero no queremos abrir a pesar de los vejámenes de que somos objeto.

Una segunda arista es que los periodistas debemos entender que así como estamos arriba mañana podemos estar abajo, y más vale prepararse para ese momento. En tercer lugar, es hora de sentar un precedente ante los atropellos, quedarse callados no nos lleva a nada. En cuarto lugar, como ciudadano y periodista exijo que se cumpla la ley y se me entregue la indemnización a la que tengo derecho por el tiempo laborado. Aquí no está en juego la cantidad, si fueran $10 también hubiese hecho estos movimientos.

Algo más Presidente de la República y Comandante General de la Fuerza Armada, en mi caso particular le comento que es la segunda ocasión en que he sido despedido de esta empresa, siempre por razones injustificadas. Esta ocurrió a finales de 1999. Tenía un poco más de cuatro años de labor. La diferencia radica en que la primera vez me quedé de brazos cruzados y no pedí absolutamente nada, no hice valer mis derechos.

Presidente de la República, espero que esta carta no remitida a su despacho pueda leerla, analizarla y tomar alguna decisión.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Entiendo claramente su posición, yo también fui despedido del estado... pero por la oposición, por aquellos que supuestamente han defendido a los trabajadores, que lucharon por que en este país por las libertades, por el FMLN. El día 1 de mayo de 2006 fui despedido "por falta de confianza" de la Alcaldía de San Salvador, el día de los trabajadores y el día que tomaron posesión.... se tomaron la molestia de despedirnos a 18 personas, simplemente por no pensar como ellos. La alcaldesa no me conocía, creo que solamente me conocían - y probablemente sin identificarme- unos cuatro concejales y sin embargo no me tenían confianza. Dejeme decirle que yo los demandé y gané... me pagaron una indemnización.... pero la zozobra de seis meses sin trabajo no me la pagó nadie.
Es una lástima que quienes piden respeto para los trabajadores y marchan junto a ellos en el Día del Trabajo, se porten igual que los fascistas cuando es en los lugares que ellos mandan.
Espero que usted demande y gané, pues es un derecho de TODOS independientemente de su ideario político.
Siga en la lucha!

Miguel Guirola