8 may. 2010

Hasta que haya justicia, no pronuncies mi nombre


“Cuando sepas que he muerto

no pronuncies mi nombre,

porque se detendría la muerte y el reposo”

(Roque Dalton, “Alta hora de la noche”)

A Roque Dalton lo asesinaron el 10 de mayo de 1975; la dirigencia del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) así lo determinó. Participaron en esa decisión Joaquín Villalobos, Jorge Meléndez, Edgar Alejandro Rivas Mira, Vladimir Rogel, Alberto Sandoval y Mateo (seudónimo); de esos, aún viven los tres primeros. Meléndez era conocido en la época como “Jonás”; hoy lo es como director de Protección Civil del gobierno del “cambio”. Por eso, en la víspera del trigésimo quinto aniversario de tan despreciable hecho, los hijos del creador nacional literario más reconocido –Jorge y Juan José Dalton– le solicitaron al presidente de la República, Mauricio Funes, no pronunciar su nombre ni publicar su obra mientras mantenga a Meléndez en su gabinete; comunicaron, también, que no asistirán a ningún homenaje oficial en su memoria.

Tienen razón. Es incoherente y hasta insultante que uno de esos criminales sea parte del equipo que pretende “conmemorar” a Roque. No obstante, parece que la congruencia y el respeto a la dignidad humana son palabras bonitas pero no hechos concretos; son valores enunciados pero no reivindicados por esta administración. Funes no sólo se negó a considerar la petición de los hijos del poeta; además pretende ignorarlos como víctimas argumentando que Roque ya no les pertenece. Funes decretó que “ya no es de los hijos ni de su viuda, Roque Dalton es del pueblo salvadoreño” y “la esencia de nuestra expresión cultural”.

No tiene ninguna razón cuando se lo secuestra a la familia, pero sí cuando dice que es patrimonio del pueblo. Lo segundo vuelve más grave e ignominiosa la presencia de Meléndez en el gobierno. No sólo ofende a los hijos y a la viuda, sino a toda la sociedad salvadoreña. Esto equivaldría a nombrar a miembros de la “tandona” o de los “escuadrones de la muerte”.

¿Qué méritos sostienen a Jorge Meléndez, el comandante “Jonás”, en Protección Civil? Según el mandatario su “papel destacado en la pasada tormenta”, el huracán “Ida”. ¿Destacado? ¿Acaso no murieron ciento veinticuatro personas y otras sesenta desaparecieron por una alerta tardía? ¿No sumaron, por ello, casi doscientos cuarenta millones de dólares las pérdidas materiales? ¿Es esa la “meritocracia” que prometió?

Los dignos hijos del poeta y de nuestro PATRIMONIO NACIONAL –con mayúsculas populares y no con minúsculas oficiales– exigen además conocer dónde está el cuerpo de su padre. También le pertenece al pueblo salvadoreño; no a ningún gobierno. Los respalda la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en su informe sobre monseñor Romero –guía espiritual de ese pueblo– cuando sentenció: “El derecho a conocer la verdad con respecto a graves violaciones de los derechos humanos, así como el derecho a conocer la identidad de quienes participaron en ellos, constituye una obligación que todo Estado parte en la Convención Americana debe satisfacer, tanto respecto a los familiares de las víctimas como a la sociedad en general”. A eso también se niega jefe de Estado, cuando los organismos internacionales o las víctimas se lo demandan.

El auténtico homenaje que Funes debe a la memoria de Roque, a sus familiares legítimamente dolientes y al pueblo, es ser consecuente. Mientras uno de sus asesinos sea parte de su gobierno y en tanto no promueva el conocimiento pleno de la verdad sin pretextos, mejor que se abstenga de seguir pidiendo perdones vacíos y organizando actos formales.

Por lo anterior, el IDHUCA hace un llamado a la sociedad solidaria con esta causa para que le exija a Mauricio Funes que durante su administración no se pronuncie el nombre de Roque mientras no haya justicia para las víctimas; también para que se le demande honrar al pueblo depositario de su legado.

Además, invita a la misa que se celebrará el próximo lunes 10 de mayo en la capilla Jesucristo Liberador de la UCA a las cuatro de la tarde, para recordar con su familia –ese día– el aniversario de su vil asesinato y denunciarlo con su presencia.

San Salvador, 7 de mayo del 2010.


- Comunidad IDHUCA


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