31 dic. 2008

El Diario de Gaza





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Al Jazeera

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GAZA CITY - Al Jazeera, la cadena de noticias más importante del mundo árabe, publica en su página web las experiencias vividas por Mohammed Ali, un analista de medios que trabaja para Oxfam, y que viven actualmente en Gaza con su familia. Él lleva un diario sobre sus vivencias en medio del feroz ataque Israelí en Gaza, que ya lleva cuatro días y ha cobrado la vida a unas 400 personas, entre ellas niños.

DIA 1: sábado negro en Gaza

Estaba en casa, acostado en la cama. Eran las 11:30 am, una hora en que los escolares llenan las calles a su regreso a sus hogares. De repente, escuché tremendas explosiones, una después de la otra, y las ventanas de mi dormitorio comenzaron a estremecerse violentamente.

Salté de la cama e intenté encender la tele, pero no había electricidad. Corrí de un lado a otro frenéticamente, si saber qué hacer. Las explosiones se oían más fuertes y más cerca. Me dirigí a la puerta y miré al cielo: estaba lleno de humo negro.

Pregunté a algunas gentes qué estaba pasando, y alguien me dijo: “Los aviones israelíes están atacando todos los edificios de la Policía y las casas de los líderes de Hamas”. Más tarde supe que las explosiones que había escuchado eran las del ataque a la estación de policía de Al Abbas, que está a 300 metros de mi casa.

Lo primero que llegó a mi mente fue llamar a mi esposa y preguntarle si mis dos hijos estaban bien. Ellos habían pasado la noche en Khan Younis, al sur de Gaza, con la familia de mi esposa. Pero la red de teléfonos celulares estaba fuera de servicio. Y después de 20 minutos de desesperados intentos por comunicarme con ellos, finalmente pude hablar con mi esposa, quien me dijo que ellos estaban con mucho miedo, pero bien.

Ella lloraba cuando hablaba conmigo por teléfono, porque estaba viendo imágenes de televisión, y veía los cuerpos de los muertos, y dijo que unas 50 personas habían muerto ya en el ataque.

Por lo menos ahora yo sabía que mi esposa e hijos estaban vivos. ¿Pero… qué de mis tres hermanas y sus hijos e hijas? Eventualmente hablé por teléfono con una de mis hermanas, y ella comenzó a llorar, porque no sabía donde estaban sus hijos. Una hora más tarde, los niños llegaron a casa, asustados, pero a salvo.

Estado de conmoción

Al salir de mi casa, conmocionado, escuché a mujeres gritar en la puerta de al lado. La gente corría de un lado a otro gritando “Han matado a Mohammed”.

Mohammed Habboush era mi vecino, de 26 años de edad. Me sentí muy triste, porque lo conocía muy bien. Una hora más tarde, recibí un mensaje por el móvil diciendo que otro amigo había muerto.

Mi familia había vuelto de Khan Younis por la noche. Me sentí muy aliviado de verlos.

Nos sentamos todos frente al televisor llorando y sintiendo miedo después de cada explosión. Pretendí que yo estaba bien para hacer sentir a mi familia que yo podía brindarles algo de seguridad, pero dentro de mí tenía mucho miedo.

A las 11 pm, el celular de mi esposa sonó. Era un mensaje grabado del ejército israelí que decía: “Si usted tiene algún tipo de armamento en su casa, debería de abandonar su casa inmediatamente porque nosotros la atacaremos”.

Al principio, le dije a mi esposa que no debiéramos temer, porque no tenemos ninguna arma. Sin embargo, 10 minutos después, mi padre, que vive en el piso de arriba, nos llamó para decir que él había recibido el mismo mensaje. Entonces, comencé a entrar en pánico.

DIA 2: Durmiendo con un ojo abierto

Cuando por fin me quedé dormido, en la segunda noche de la ofensiva israelí, tenía miedo de nunca despertar, así que dormí con un ojo abierto, en constante temor por la seguridad de mi familia.

Al menos una vez cada hora, era despertado por el sonido de las explosiones. Constantemente verificaba cómo estaban mi esposa y mis hijos, pensando en que nuestro hogar podría ser el siguiente blanco de los aviones israelíes.

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Lanzando piedras a ejército israelí

En las primeras horas de la mañana siguiente, me desperté para encontrar a mi niño de 15 meses de edad caminando por la sala, sollozando. Corrí hacia él y lo cargué en mis brazos, hasta que se quedó dormido.

Mi mamá nos llamó para desayunar. Toda nuestra familia se reunió alrededor de la mesa. Mi mamá, que sufre de problemas cardiacos, nos dijo que, cada vez que un blanco cerca de la casa era alcanzado, ella se despertaba con el corazón sobresaltado.

Se acaban las provisiones

No es secreto que la Franja de Gaza depende sustancialmente de provisiones llegadas por túneles desde Egipto, especialmente desde que el bloqueo israelí se agudizó en noviembre. De modo que después de escuchar que los israelíes habían atacado los túneles, mi padre se dirigió a la tienda a comprar provisiones de reserva.

Cuando regresó, nos dijo que el precio se había triplicado debido a la destrucción de los túneles.

Yo quería comprar pañales desechables para mis dos niños. Mi hermano menor se esforzó por encontrarlos, pero no halló nada. Me dije a mi mismo que era sólo cuestión de días para que la gasolina y la comida se volvieran inalcanzables para nosotros.

Escuchamos un anunció del gobierno israelí que decía que los ataques en Gaza continuarían por mucho tiempo, a pesar de los llamados de organismos internacionales que han pedido detenerlos.

Desde mi casa, el sonido de las sirenas no se detiene. Cada vez que escucho explosiones seguidas de sirenas, pienso en esas ambulancias que llevan muertos y heridos.

Estoy cada vez más temeroso de lo que le pase a mis hijos, familia y amigos. Me digo a mí mismo que la próxima ambulancia podría llevar a uno de mis amigos, a un familiar o incluso a mí.

DIA 3- Memorias destruidas

Hoy es la tercera noche consecutiva de la ofensiva israelí. Mis dos pequeños niños, mi esposa, mi cuñada, que se está quedando con nosotros, y yo, hemos dormido todos en la sala, el centro de nuestro apartamento.

Durante la noche, hubo un promedio de dos ataques aéreos cada diez minutos en Gaza City solamente.

En la televisión escuchamos que los militares israelíes habían atacado una mezquita en el campo de refugiados en Jabbalia, al norte de la Franja de Gaza. Quedamos atónitos de saber que los obuses destruyeron una casa y mató a cinco hermanas que estaban dentro, e hirieron a otros 11 miembros de la familia. Lloramos todos, sabiendo que nadie está a salvo de los ataques aéreos.

Casi no dormimos. A sólo 500 metros de nuestra casa, los ataques alcanzaron el edificio de la Universidad Islámica. Yo me gradué de esa universidad. Cuando escuché que los aviones F-16 la habían destruido, sentí como si todos mis buenos recuerdos habían sido borrados.

Llamé a una de mis hermanas, que vive cerca de la universidad. Ella me dijo: “Tenemos mucho miedo. No sé a dónde ir, qué hacer. La explosión hizo templar todo nuestro edificio”.

Yo la escuchaba, pero no podía encontrar las palabras para reconfortarla. ¿Cómo podría? Era obvio que nadie estaba seguro.


* Tomado de: www.contrapunto.com


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